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"...No era que algo terrible estaba sucediendo, ni que la escuela estuviera convirtiendo a nuestros hijos en una especie de monstruos o algo así, pero si nos estaba usurpando el privilegio de dar forma a la arcilla, que Dios había puesto en nuestras manos, con tanta confianza, para modelar las vasijas que le pertenecen a El". Paola S, Montenegro.
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